El 21 de octubre de 2005, uno de los huracanes más destructivos del Atlántico golpeó Quintana Roo, dejó daños millonarios y cambió para siempre la forma de enfrentar los ciclones en el Caribe Mexicano
Cancún, 21 de agosto del 2026.- Este miércoles 21 de octubre se cumplen 21 años del impacto del huracán Wilma en Quintana Roo, uno de los fenómenos meteorológicos más intensos y destructivos de la historia del Atlántico. En 2005, el ciclón golpeó principalmente Cancún, Cozumel y otros destinos del Caribe Mexicano, donde permaneció durante más de 60 horas con fuertes vientos y lluvias que marcaron a toda una generación.
Antes de llegar a territorio quintanarroense, Wilma alcanzó la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, con vientos máximos de hasta 295 kilómetros por hora. Además, registró una presión atmosférica mínima de 882 milibares, una cifra récord que lo colocó entre los ciclones tropicales más intensos registrados en el Atlántico.

Más de 60 horas que cambiaron la historia de Cancún
El paso de Wilma por Quintana Roo se prolongó entre 60 y 64 horas, un periodo durante el cual las lluvias constantes y los vientos intensos causaron graves afectaciones. Cancún, Cozumel, Playa del Carmen, Puerto Morelos e Isla Mujeres estuvieron entre las zonas más golpeadas por el fenómeno.
La devastación alcanzó viviendas, vialidades, servicios e infraestructura turística. Se estima que cerca del 94% de la infraestructura turística resultó afectada, lo que representó pérdidas millonarias para uno de los principales motores económicos de Quintana Roo y obligó a emprender un amplio proceso de recuperación.

Wilma dejó una nueva cultura de prevención en Quintana Roo
Más allá de los daños materiales, el huracán Wilma representó un antes y un después para la preparación ante ciclones tropicales en el Caribe Mexicano. Su impacto impulsó cambios en los códigos de construcción, las medidas de protección civil y las estrategias para reducir los riesgos frente a fenómenos meteorológicos extremos.
A 21 años de aquella emergencia, Wilma permanece en la memoria de Quintana Roo como uno de los episodios más difíciles de su historia reciente. Su paso dejó una lección sobre la fuerza de la naturaleza y la importancia de mantener una cultura de prevención en una región expuesta cada año a la temporada de huracanes.






